Zarpas de antaño amenazan herrumbrosas la luz. Eres ingenua y mereces algo más pero el mundo no se para voluntariamente. No crees en la llama pero cuando golpea tus cadenas frías se abre el cerrojo. Promesas y promesas. Qué vano es todo. Promesas de eternidad con precedentes caducos. Pero tú te dejas quemar por el fuego fatuo. Esa llama que quema pero no da calor.
¿Quién serás cuando la llama se apague? Ni siquiera papel mojado.
viernes, 4 de mayo de 2007
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