Miro en el marco. No veo las catapultas del suelo lunar. Destrezas olvidadas. Ante el trono del rey todo se hace pequeño si no miente. Creo en la luz pero no en la perspectiva. Ante los torreones agrestes del monte apenas levantan la voz las luciernagas de la noche.
Cuando el todo se va, solo los cobardes se iluminan.
Detrás, con su modesto pedestal, vive la estrella, consciente de su necesidad del fuego eterno.
lunes, 30 de abril de 2007
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