viernes, 20 de abril de 2007

Llueve en mi mirada

Días y noches se alternan en el espíritu rojo de tus labios. De vuelta a la niñez el tono de la mirada brilla de un modo especialmente trascendental. Quiero que sepas que mi mirada no niega las trazas del olvido pero actualiza tu figura descrita con carboncillo en petalos de azahar.

Mil colores de fuego estallan al caer tus párpados en derredor. El agua de la fuente estiliza tu figura. Mi yo descubre el talento de la danza apasionada. Los pies recorren el círculo dorado de tu infancia. Las manos acarician la súbita destreza de tus movimientos. Solo entonces, creo.

La labor del hilador más fugaz queda para siempre enlazada, cautiva de tus manos. Y el margen de la fuga vela el disfraz del sueño triste. Miedo al suelo veraz, miedo al solar de tu engranaje. Miedo al final del cerco de tu savia que llueve en mi mirada.

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