Castillos que no puedo asaltar son las tierras aladas de tu fidelidad. Almenas que se yerguen entre conglomerados de azul intenso. El pudor de tu cuerpo fragil vigila seguro el tesoro. Lo que parece una grácil conciencia mueve los ejércitos más poderosos.
No oses dar el paso en falso de la transparencia externa. Diáfanos también son los muertos para la vida. Conserva la vela encendida del sueño contenido. Allí se encuentran las monedas más valiosas. Las que no se cambian por la caducidad terrena. Helos aquí, los banqueros cegados de la opacidad eterna.
viernes, 20 de abril de 2007
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