jueves, 19 de abril de 2007

Deuda con el horizonte

Cuando la tierra gira la inerte capa de ozono que nos envuelve se erosiona anidando en terrenos baldíos. Quién ríe, quién llora, si el cielo muestra se peor faz cediendo a la presión del mundo. Vuela con alas de cartón el águila ciega. Ensimismada, descubre mediante el eco de las montañas la manera de surcar las autopistas etéreas. Vive. A pesar de su noche eterna. Piensa, a partir de la decena de notas musicales que crea la piedra.

Cuando la tierra gira su eje chirría aplazando aún más su descanso. Vierte sobre sus alfombras de hierba el ácido incoloro. Desafía a las alturas en voz alta. Desea el honor perdido y se enfrenta a su destino. La frustración es de color gris, embalsama la muerte de los vivos.

Creo que ha llegado la hora sin necesidad de mirar las manecillas herrumbrosas del reloj de la pared. Cáscaras de papel, capullos de ninfa dorotea. Lamenta su desazón, sazona sus lamentos y sirve a su alrededor espumas de agua salada. Salda su deuda con el horizonte.

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