Miro en el marco. No veo las catapultas del suelo lunar. Destrezas olvidadas. Ante el trono del rey todo se hace pequeño si no miente. Creo en la luz pero no en la perspectiva. Ante los torreones agrestes del monte apenas levantan la voz las luciernagas de la noche.
Cuando el todo se va, solo los cobardes se iluminan.
Detrás, con su modesto pedestal, vive la estrella, consciente de su necesidad del fuego eterno.
lunes, 30 de abril de 2007
jueves, 26 de abril de 2007
Arenas movedizas
Es el desierto. Cuando abres los ojos y tienes la necesidad de huir, de escapar de aquello en donde se posan primero, has llegado al sustantivo aridez. Recelas entonces de los que te embarcaron en un gigante con quilla para terminar encallando en las arenas movedizas de la soledad.
miércoles, 25 de abril de 2007
Las más oscuras tendencias
¿Por qué llora el cielo? ¿Qué hemos hecho? La monotonía fluvial recorre las calles del corazón. El vaho desconoce su origen y trasciende más alla de las hojas de eucalipto. Borra de mí la mancha. Quiero estudiar las constelaciones.
Veo en lo alto izar una bandera. Muchos mueren por ella. ¿Qué razones tienen? La muerte no es un don es una meta. Al traspasar la línea de la creación brota del alma la injerencia divina. Sueños rotos de nuevo acompasados entre ascuas de fuego hirviendo.
Oteo el infinito y me vienen a la mente algunos poemas de viejos libros. La poesía es eterna porque habita en el alma del más perverso ser humano. Es una mancha blanca en el negro más profundo.
Cae tras de mí el otoño más incierto, convertido en aguas de abril aladas. Llueve. La humedad reseca la inocencia. Descubre lentamente la pasión veraz. Silbidos estridentes la conducen de nuevo al lugar que le corresponde. Maestro de trato agradable es el suelo donde reposan las más oscuras tendencias.
Veo en lo alto izar una bandera. Muchos mueren por ella. ¿Qué razones tienen? La muerte no es un don es una meta. Al traspasar la línea de la creación brota del alma la injerencia divina. Sueños rotos de nuevo acompasados entre ascuas de fuego hirviendo.
Oteo el infinito y me vienen a la mente algunos poemas de viejos libros. La poesía es eterna porque habita en el alma del más perverso ser humano. Es una mancha blanca en el negro más profundo.
Cae tras de mí el otoño más incierto, convertido en aguas de abril aladas. Llueve. La humedad reseca la inocencia. Descubre lentamente la pasión veraz. Silbidos estridentes la conducen de nuevo al lugar que le corresponde. Maestro de trato agradable es el suelo donde reposan las más oscuras tendencias.
Conquistar tu atalaya
Abstemia primaveral. Alcohol florido en las venas. Perfume de nenúfares adormecidos. Drogas blancas en la pituitaria del ser. La vida se tambalea como tren removido entre estación y estación. Adiós porque he venido. Entre sollozos se alimenta de nuevo el cerebro.
Grises ven mis ojos empantanados. Lámparas de aceite denostadas. La luz se apaga cuando el sol despierta. Anhelo el sentido de tus ojos. Vierto en mí todo lo que no soy por tratar de conquistar tu atalaya.
Grises ven mis ojos empantanados. Lámparas de aceite denostadas. La luz se apaga cuando el sol despierta. Anhelo el sentido de tus ojos. Vierto en mí todo lo que no soy por tratar de conquistar tu atalaya.
martes, 24 de abril de 2007
Rosa de pétalos reales
Coros suenan. Melancolía profunda. La labor cotidiana pesa pero más grave es la sordidez neutra del paso del tiempo. Querer la nada es una imposición, desear el bien un esfuerzo que consolidado se transforma en rosa de pétalos reales.
No hay nadie más
Claros de agua de luna, lenta en constelaciones de tristes fulgores. Astro celeste de noche derrotado. Vira en tu mano la oportunidad de sanar el cosmos y reniegas del paso del tiempo enfundado en ropajes monótonos y ocres.
Luce. Despliega en litigios enconados la oronda mirada. Traslada al suelo de tu carne la vida del potro desbocado. Hay algo detrás. Se esconde en la ocasión perdida. Una oportunidad malgastada, un azul deshecho en trizas, y no hay nadie más.
Luce. Despliega en litigios enconados la oronda mirada. Traslada al suelo de tu carne la vida del potro desbocado. Hay algo detrás. Se esconde en la ocasión perdida. Una oportunidad malgastada, un azul deshecho en trizas, y no hay nadie más.
lunes, 23 de abril de 2007
viernes, 20 de abril de 2007
Las monedas más valiosas
Castillos que no puedo asaltar son las tierras aladas de tu fidelidad. Almenas que se yerguen entre conglomerados de azul intenso. El pudor de tu cuerpo fragil vigila seguro el tesoro. Lo que parece una grácil conciencia mueve los ejércitos más poderosos.
No oses dar el paso en falso de la transparencia externa. Diáfanos también son los muertos para la vida. Conserva la vela encendida del sueño contenido. Allí se encuentran las monedas más valiosas. Las que no se cambian por la caducidad terrena. Helos aquí, los banqueros cegados de la opacidad eterna.
No oses dar el paso en falso de la transparencia externa. Diáfanos también son los muertos para la vida. Conserva la vela encendida del sueño contenido. Allí se encuentran las monedas más valiosas. Las que no se cambian por la caducidad terrena. Helos aquí, los banqueros cegados de la opacidad eterna.
Llueve en mi mirada
Días y noches se alternan en el espíritu rojo de tus labios. De vuelta a la niñez el tono de la mirada brilla de un modo especialmente trascendental. Quiero que sepas que mi mirada no niega las trazas del olvido pero actualiza tu figura descrita con carboncillo en petalos de azahar.
Mil colores de fuego estallan al caer tus párpados en derredor. El agua de la fuente estiliza tu figura. Mi yo descubre el talento de la danza apasionada. Los pies recorren el círculo dorado de tu infancia. Las manos acarician la súbita destreza de tus movimientos. Solo entonces, creo.
La labor del hilador más fugaz queda para siempre enlazada, cautiva de tus manos. Y el margen de la fuga vela el disfraz del sueño triste. Miedo al suelo veraz, miedo al solar de tu engranaje. Miedo al final del cerco de tu savia que llueve en mi mirada.
Mil colores de fuego estallan al caer tus párpados en derredor. El agua de la fuente estiliza tu figura. Mi yo descubre el talento de la danza apasionada. Los pies recorren el círculo dorado de tu infancia. Las manos acarician la súbita destreza de tus movimientos. Solo entonces, creo.
La labor del hilador más fugaz queda para siempre enlazada, cautiva de tus manos. Y el margen de la fuga vela el disfraz del sueño triste. Miedo al suelo veraz, miedo al solar de tu engranaje. Miedo al final del cerco de tu savia que llueve en mi mirada.
Mensajeros recorren el infierno
Luz de cruce. Sábanas de antaño pliegan la noche. El asombro crece, desfila entre barreras de hormigón. Boceto de cataratas asustadas. Ni brilla el sol ni lluve. Ni siquiera llama el recuerdo. Pero a pesar de todo, el ruido siempre está ahí, presente, silencioso pero real. Alguien pica la piedra urbana. Mensajeros recorren el infierno.
Libros, teclas, sueños rotos. Lagrimas que quiebran la serenidad de mi rincón angosto.
Libros, teclas, sueños rotos. Lagrimas que quiebran la serenidad de mi rincón angosto.
jueves, 19 de abril de 2007
Los campos de tu anhelo
Perdida ya la intimidad nacen pequeñas mentiras entre los dos. Si el viento sopla en dirección contraria la luz se posa en tu hombro ansiando la libertad de la que no puedes hacer uso. Quien piensa que los árboles se pliegan al pasar la falsedad reniega de su hombría. Vi una noche la entrada del cementerio cerrada. La muerte no admite visitantes a deshora. Cuando la cabeza resulta ser un ansiolítico la enfermedad emerge.
Las piezas vuelven a su sitio en el tablero. Todo empieza una vez más, de nuevo. Una nueva oportunidad para alunizar en tus muñecas. Qué suave. Recorrer los campos de tu anhelo de un mundo mejor, pero sabiendo que al final del sendero se esconden las verdades convertidas en el infinito.
Las piezas vuelven a su sitio en el tablero. Todo empieza una vez más, de nuevo. Una nueva oportunidad para alunizar en tus muñecas. Qué suave. Recorrer los campos de tu anhelo de un mundo mejor, pero sabiendo que al final del sendero se esconden las verdades convertidas en el infinito.
Deuda con el horizonte
Cuando la tierra gira la inerte capa de ozono que nos envuelve se erosiona anidando en terrenos baldíos. Quién ríe, quién llora, si el cielo muestra se peor faz cediendo a la presión del mundo. Vuela con alas de cartón el águila ciega. Ensimismada, descubre mediante el eco de las montañas la manera de surcar las autopistas etéreas. Vive. A pesar de su noche eterna. Piensa, a partir de la decena de notas musicales que crea la piedra.
Cuando la tierra gira su eje chirría aplazando aún más su descanso. Vierte sobre sus alfombras de hierba el ácido incoloro. Desafía a las alturas en voz alta. Desea el honor perdido y se enfrenta a su destino. La frustración es de color gris, embalsama la muerte de los vivos.
Creo que ha llegado la hora sin necesidad de mirar las manecillas herrumbrosas del reloj de la pared. Cáscaras de papel, capullos de ninfa dorotea. Lamenta su desazón, sazona sus lamentos y sirve a su alrededor espumas de agua salada. Salda su deuda con el horizonte.
Cuando la tierra gira su eje chirría aplazando aún más su descanso. Vierte sobre sus alfombras de hierba el ácido incoloro. Desafía a las alturas en voz alta. Desea el honor perdido y se enfrenta a su destino. La frustración es de color gris, embalsama la muerte de los vivos.
Creo que ha llegado la hora sin necesidad de mirar las manecillas herrumbrosas del reloj de la pared. Cáscaras de papel, capullos de ninfa dorotea. Lamenta su desazón, sazona sus lamentos y sirve a su alrededor espumas de agua salada. Salda su deuda con el horizonte.
Virtud sin aliento
Ha salido el sol. El ruido es diferente cuando es iluminado por los rayos celestes. Brota la imaginación desde la ensenada azul. Brillan las personas y tras ellos sus ojos intensos.
Corre, aprovecha para adelantar en el juego que traslada tu verdad dentro de la verdad mayor. El anonimato desmiente el desliz perentorio que supone nacer a la luz. Pero luego admite esa posibilidad que supone no haber brotado de la luminosidad.
Sierras de dientes leoninos raspan el mundo. Cada vez queda menos a tu lado y más, allá lejos. Hay un infinito camino entre las nubes y el cielo, pero al girar sobre su eje el desconcierto aumenta y vibran los astros. ¿Qué ha pasado? Un cometa ha tropezado entre la orbita de Juno y el libro abierto de Marte. Polvo de estrellas, virtud sin aliento.
Corre, aprovecha para adelantar en el juego que traslada tu verdad dentro de la verdad mayor. El anonimato desmiente el desliz perentorio que supone nacer a la luz. Pero luego admite esa posibilidad que supone no haber brotado de la luminosidad.
Sierras de dientes leoninos raspan el mundo. Cada vez queda menos a tu lado y más, allá lejos. Hay un infinito camino entre las nubes y el cielo, pero al girar sobre su eje el desconcierto aumenta y vibran los astros. ¿Qué ha pasado? Un cometa ha tropezado entre la orbita de Juno y el libro abierto de Marte. Polvo de estrellas, virtud sin aliento.
miércoles, 18 de abril de 2007
Porque todos somos
Arlequín somos todos y ninguno. Los colores se mezclan en una paleta de metal sintético. El resultado de cada pincelada es una letra impresa en el lienzo. Y cuando se desliza recrea un mundo complejo hasta ese momento oculto a la mirada. Paredes convergen para achatar la línea blanca, el sentido, de la vida. Si la sigues te arriesgas, si la desprecias mueres, si la ignoras flotas entre bambalinas.
Arlequín somos todos y a la vez. Si uno mueve un hilo de la marioneta otro se desplaza quejumbroso entre mecanismos oxidados. Si uno vive disfrazado de lunares negros y se confunde con la luz preñada de polvo otro se acoge a la segunda enmienda de la virtualidad. Si los lazos que te atrapan se suavizan alguien siente más presión en su interior.
Arlequín somos todos porque todos somos.
Arlequín somos todos y a la vez. Si uno mueve un hilo de la marioneta otro se desplaza quejumbroso entre mecanismos oxidados. Si uno vive disfrazado de lunares negros y se confunde con la luz preñada de polvo otro se acoge a la segunda enmienda de la virtualidad. Si los lazos que te atrapan se suavizan alguien siente más presión en su interior.
Arlequín somos todos porque todos somos.
Lloro por ella
Me duele la cabeza. Los sonidos viajan esotéricos de un lado a otro de las rejas. No pienso en ellos como máquinas inconscientes lamentando su vagar sin meta previamente definida. Son vida porque proporcionan vitalidad al ser humano. Un hombre se nutre de pensamientos pero las proteínas son provistas por los elementos cinegéticos.
Me duele la cabeza pero es hora de olvidar el dolor. Es prematuro afirmar que la causa es la nieve blanca que celebra la llegada de la conciencia. Al unísono brillan las estrellas, el sol se quiebra y el nudo del estómago se hace más fuerte.
Hoy acaban de sentir los labios el primer soplo de otoño. Pasado mañana volverán a deslizarse las hojas por el pasamanos de la residencia. La lluvia, la nada, desgasta las sombras que pueblan sus mejillas. Yo no sé qué decir. Mis palabras huyen con pavor del disparadero del alma.
Nieva... y lloro por ella.
Me duele la cabeza pero es hora de olvidar el dolor. Es prematuro afirmar que la causa es la nieve blanca que celebra la llegada de la conciencia. Al unísono brillan las estrellas, el sol se quiebra y el nudo del estómago se hace más fuerte.
Hoy acaban de sentir los labios el primer soplo de otoño. Pasado mañana volverán a deslizarse las hojas por el pasamanos de la residencia. La lluvia, la nada, desgasta las sombras que pueblan sus mejillas. Yo no sé qué decir. Mis palabras huyen con pavor del disparadero del alma.
Nieva... y lloro por ella.
martes, 17 de abril de 2007
Las luces del mundo
Y la vida pasa. No niego que disfrutar de ella es un lujo ancestral. El tiempo corre deprisa detrás de las personas. Si miras hacia atrás de manera repentina descubrirás la sombra del reloj con la tensión alta. Si miras de reojo lo verás esconderse en la pantalla.
Cuando uno reta al silencio se apagan las luces del mundo, se encienden las del alma. Ya llegan...
Cuando uno reta al silencio se apagan las luces del mundo, se encienden las del alma. Ya llegan...
Espero a alguien
Más de una persona pero menos de las que esperaba. Todo fluye. Hablar es crecer pero escuchar es parar el tiempo. Recluido en mi prisión soy ajeno a los desmanes de la climatología. Los cielos son campanas de cristal en el momento en el que alguien las espolea. Suena música celestial en los oídos del que sabe escuchar pacientemente. La vida lograda es posible al final del camino, solo lograr vivir ya es un éxito para el ser humano.
Los que vienen demuestran pasión. Los ausentes imploran la compasión del líder. Saber perdonar es un don porque se da a cambio de un daño, de una herida. Pasa la nada por mi ventana pero el ruido sigue resguardado por paraguas.
Los que vienen demuestran pasión. Los ausentes imploran la compasión del líder. Saber perdonar es un don porque se da a cambio de un daño, de una herida. Pasa la nada por mi ventana pero el ruido sigue resguardado por paraguas.
Pararse a pensar no es fácil
Construimos porque nos gusta jugar a ser dioses. Hoy llueve sobre nuestro ego y truena el cielo. El ruido continúa lacerando mi silencio. Todo acontece muy a nuestro pesar cuando lo que sucede es malo. Los coches pasan y abordan el asfalto húmedo y cabizbajo sobre los cimientos de nuestra negligencia.
Hoy no pasa nadie por mi ventana. Solo las gotas de agua resbalan por el cristal. La soledad puede llegar a asustar cuando se cierne sobre uno como un ladrón de guante blanco, sin darte cuenta te roba el alma para devolvértela limpia.
Construimos porque nos gusta mitificar nuestro poderío antinatural. Oigo toses, la humanidad está constipada. Porta el virus de la ausencia de sentido. Un paraguas rojo dinamita como pólvora el tono gris del día. Te invita a salir y gritar que tú también tienes color en tu vida. Quizá no el de la esperanza pero sí al menos no es el negro.
Las gotas siguen avanzando sobre mi escaparate vital. Hacen ruido al golpear sobre la realidad. Apenas puedo concentrarme porque hasta el más mínimo eco de la nada interrumpe mi silencio. Se convierte en explosión atómica. Porque pararse a pensar no es fácil.
Hoy no pasa nadie por mi ventana. Solo las gotas de agua resbalan por el cristal. La soledad puede llegar a asustar cuando se cierne sobre uno como un ladrón de guante blanco, sin darte cuenta te roba el alma para devolvértela limpia.
Construimos porque nos gusta mitificar nuestro poderío antinatural. Oigo toses, la humanidad está constipada. Porta el virus de la ausencia de sentido. Un paraguas rojo dinamita como pólvora el tono gris del día. Te invita a salir y gritar que tú también tienes color en tu vida. Quizá no el de la esperanza pero sí al menos no es el negro.
Las gotas siguen avanzando sobre mi escaparate vital. Hacen ruido al golpear sobre la realidad. Apenas puedo concentrarme porque hasta el más mínimo eco de la nada interrumpe mi silencio. Se convierte en explosión atómica. Porque pararse a pensar no es fácil.
No pretendo
No pretendo nada en particular con la creación de este blog. Esa es mi paradoja porque supone a la vez mi mayor pretensión. No soy nadie, pero a mi alrededor ocurren cosas. ¿Qué cosas? Oigo un ruido ensordecedor y constante, no sé qué lo provoca. Por mi ventana acaba de pasar una persona, no sabré ya si era hombre o mujer, ni siquiera si tenía alma. Las teclas de un ordenador suenan cuando escribo estas palabras. Siempre que escribo suenan... ahora otra vez.
Otra persona pasa, tose, arranca un coche, el ruido sigue vivo, no sé de qué se alimenta. Y otra persona pasa, miro, un chico y una chica, solo alcanzo a ver un plano cinematográfico a través de las rejas de mi ventana. El silencio vive ahora dentro del ruido, puertas que se abren y se cierran, pasos, alguien llega....
Otra persona pasa, tose, arranca un coche, el ruido sigue vivo, no sé de qué se alimenta. Y otra persona pasa, miro, un chico y una chica, solo alcanzo a ver un plano cinematográfico a través de las rejas de mi ventana. El silencio vive ahora dentro del ruido, puertas que se abren y se cierran, pasos, alguien llega....
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